El lunes, parando un instante en Comunidad Góticos, me encontré con un enlace que había puesto Natuus Mortus a un artículo de José Luis Barbería en El País titulado La Generación Ni-Ni: ni estudia ni trabaja. La verdad es que el artículo me dio una idea para escribir uno de esos artículos que luego se me quedan en el tinero, pero esta mañana mi hermana Zalasa, a quien había enviado el artículo por razones que no vienen al caso, ha publicado ella en su blog una respuesta al susodicho suelto que no puedo dejar de responder. Así que, como pasa de vez en cuando, tengo que recomendaros que os leáis a ser posible los dos antes de leer este y, si no, al menos el de Barbería. Terminados los prelimnares voy a lo que iba, que es a responder a Zalasa.
Mi querida hermana;
Empecé a escribir esto como una nota breve y se me ha alargado, conque ya me perdonarás. Me imagino que a estas alturas ya sabrás que no estoy de acuerdo con tu exposición ni con sus conclusiones. Si de verdad esa g
eneración (me niego a usar la segunda persona para responder a tu primera) hubiera mamado que lo bueno es "vivir bien" lucharía por vivir bien. Y precisamente lo que dice el artículo original es que esa gente ni lucha, ni se prepara para luchar, ni nada. Nacer con comodidades no implica necesariamente ser un acomodado y a las pruebas me remito. Yo veo cada día chavales de tu edad (ya disculparás la expresión) que nacieron acomodados (y más que tú y que yo) y que sí que tienen ambiciones y objetivos y que se esfuerzan para conseguirlos. Se esforzaron en el instituto, se esforzaron en la universidad, se esforzaron en el postgrado (algunos) y se siguen esforzando día a día. Y viven bien. Los puestos guay no son una quimera, están ahí
El problema no es que esa generación "haya nacido en este sistema y en este tiempo". El problema es que a esa generación, hablando como colectivo, hablando de la moda, nadie le ha enseñado que las cosas hay que ganarlas. Tú y yo hemos vivido acomodados pero nuestros padres no se han olvidado de recordarnos que el dinero no crece en los árboles ni de inculcarnos una ética del trabajo (que, seamos honestos, tampoco era tan abundante en su propia generación) que nos hace valorar la calidad por si misma. Y aquellas cosas que nuestros padres no nos han explicado las hemos aprendido nosotros porque nos hemos esforzado, o porque nos hemos dado un golpe contra el suelo o la pared.
Puede que la importancia de poseer a ti y a mí nos parezca (como nos parece) muy relativa, y que no hagamos de la acumulación de bienes materiales el objetivo o el centro de nuestras vidas. Pero el artículo no habla de eso, habla de gente que simplemente no tiene centro en sus vidas, que no tiene objetivos, ilusiones, planes y que en general no se esfuerza por nada porque todo le da igual. Los punks eran un poco lo mismo, pero al menos ellos no se esforzaban por nada porque creían que el mundo iba a estallar en cualquier momento (y tú no has vivido la Guerra Fría, de verdad que lo pensábamos), que no merecía la pena esforzarse por invertir en algo duradero porque no habría tiempo para disfrutarlo.
Esta gente de la que habla J.L. Barbería son, simplemente, unos holgazanes. Unos señoritos. Lo siento, pero independientemente de que no crea en el libre albedrío tampoco creo que la gente esté condenada irremisiblemente a ser un señorito sólo porque nació en una sociedad rica y es hijo de una familia acomodada. El problema no es tener cosas o ambicionar tenerlas, el problema es no saber lo que valen y no hacer brindis, como el que hicimos tu hermana Zylgrin y yo el otro día "porque tenemos la suerte de vivir en un país rico". El problema es pasar de todo porque crees que todo te viene regalado.
Eso de que es que la cultura "os ha hecho" así y asá (y aquí uso la segunda porque tú la usas de forma retórica, tú no eres así
es mentira. Puedo aceptar que haya existido una influencia, pero al final los que no se mueven son los jóvenes, al final la vida es producto de las propias decisiones mucho más que de la cultura y la sociedad en la que uno vive. E, incluso si no estás de acuerdo con
esto, me lo tienes que admitir caeteris paribus. Dos personas nacen en el mismo país en el mismo año en entornos socioeconómicos semejantes. Con 25 años uno se ha sacado dos carreras, ha trabajado como becario en las empresas más importantes de su sector mientras estudiaba y ahora acaba de meter la cabeza en una de las mayores multinacionales del mundo; el otro, en cambio, sigue "estudiando", con una de segundo, dos de tercero y cuatro de cuarto, no ha ganado un duro en toda su vida y se gasta lo que le dan sus papis (que se lo dan religiosamente, lo gane o no) en coca y alcohol los fines de semana mientras se queja de que la vida es una mierda. Y me dirás que ambos son iguales. Ya, claro, y yo voy y me lo creo.
El problema de verdad es que en esa generación no se valora el trabajo, ni el esfuerzo, ni la lucha. El problema es que esos puestos de los que hablas son pocos y sólo están al alcance de los que han estado trabajando mucho, mucho tiempo. En mi generación todos queríamos ser Mario Conde, pero ¿sabes qué? esos trabajos no caen del cielo. La diferencia es que nos quedaba algo de idea sobre lo mala que puede ser la vida y, si no estudiábamos, trabajábamos (aunque no fuera más que nuestros padres no iban a mantener vagos). Tu generación es hija de las nuevas políticas educativas que eliminan el palo y la zanahoria y que inculcan la idea de que todos deberían ser recompensados por igual. Eso de "A cada uno según sus necesidades, de cada uno según sus posibilidades" es una utopía absurda que no crea más que haraganes quejicas que esperan que Papá Estado les arregle la vida (con impuestos que, claro, no pagan ellos).
Mira, yo tengo un trabajo que tú sabes que en ese sentido poca gente se ha dado un batacazo como el que me di yo en 2005 y que ahora tengo un trabajo que está MUY por debajo de mis posibilidades y capacidades. ¿Y? Aquí estoy y soy feliz, y sigo siendo una persona inquieta (no me puedo creer que, siendo de letras y teniendo 35 años, vaya por la calle leyendo sobre el movimiento de Poincaré en la geometría de Minkowski) y sigo teniendo objetivos y un centro en mi vida. De lo que habla Barbería es de gente sin centro y sin objetivo, y echarle la culpa a los demás de no tener centro ni objetivo es un magnífico ejemplo de lo que es echar balones fuera.
¿No puedes ser Mario Conde? Bueno, puedes intentar a acercarte a ese modelo (si es el que quieres) dentro de tus posibilidades. ¿No puedes ser Beckham? Buah, tío, pues entonces la vida es una mierda y todo es culpa de mis padres que me han hecho querer ser como Beckahm. Con todo respeto, anda ya.
Y no, no os "han educado en la cultura del esfuerzo" (bueno, a ti sí
. A tu generación le han contado el cuento (la fábula, la parábola, el ejemplo
simplificado de la vida con valor edificante) de que para llegar a ser Beckham hay que esforzarse y vosotros lo habéis entendido como os ha dado la gana, como si fuera una promesa que dice "si te esfuerzas, serás Beckham". Pues no. El esfuerzo es una condición necesaria, pero no suficiente, para el éxito (¡que me lo digan a mi!). Y como esta generación lo interpretó así, a la primera vez que se esforzó (o pensó que se esforzaba, o se hizo pensar que se esforzaba) y no alcanzó el éxito, tiró la toalla y se fue al parque de botellón. Y el problema no es irse al parque de botellón, que lo hemos hecho todos, el problema es quedarse ahí. Si algo le falta a esta generación es que le enseñen a levantarse. Así que como Lázaro. Desilusionarse y no hacer nada es una cosa que solo hacen los que se lo pueden permitir, o sea los señoritos. No los acomodados, los señoritos.
Y no me voy a volver a meter con lo de la calidad laboral. Insisto en que los buenos puestos están ahí y en que yo los veo todos los días, y no nos vamos a poner a discutir eso del "empleo estable" porque tú y yo nunca nos vamos a entender en este tema y en sus causas y soluciones. Y menos con lo de los ricos. Si no fueras quien eres y no te conociera te acusaría de demagogia barata o desconocimiento rampante. Como te conozco, me limito a pensar con mucho cariño que estás equivocada y que "todavía eres joven" (y eso lo dice uno que, a tu edad, era muchísimo menos "joven" que tú en esos aspectos).
A ti, personalmente, la historia tiene poco que perdonarte. A la panda de haraganes, vagos y desmotivados que nacieron más o menos cuando tú, probablemente algún día. Y conste que este fenómeno no es exclusivo de tu generación, ni mucho menos. El mejor ejemplo que conozco de una persona prometedora, culta, lista, guapa, que podría haber hecho lo que quisiera con su vida y que a base de desidia, vaguería e incapacidad absoluta de autocrítica y de autorreforma la tiró por la ventana y la sigue tirando cada día sabes quien es y sabes que es mayor que yo (y lo que opino).
Que no. Que no cuela. Que los vagos son vagos y los que ni estudian ni trabajan porque no les da la gana (en McDonald's siguen necesitando gente), porque se creen demasiado buenos no merecen ni la pensión no contributiva que podrían cobrar (de mis impuestos, claro) si tuvieran la suficiente iniciativa como para pedirla. Parásitos ha habido siempre; parásitos que se quejen amargamente de su condición de parásitos y encima le echen la culpa al huésped, sólo últimamente.
Menos samba y más trabajar.